En lo personal 

Presentación de 2023
 
Han pasado ya muchos años desde que escribí mi “presentación al mundo de los cibernautas”. He buscado el archivo para saber la fecha y me dice que fue el 15 de diciembre de 2009. Hoy es 6 de noviembre de 2023 y he decidido, tras muchas dudas, ponerme a la tarea de presentarme de nuevo.
 
Ayer comentaba con Marie-Blanche (MB), mi compañera, que tenía que escribir un texto que actualizara lo que aparece en mi página web bajo el epígrafe “En lo personal”. Y le comentaba mi renuencia a escribir sobre el tema. Personalmente no me gustan los textos biográficos anclados en la persona que escribe sin ir más allá de sí misma y sin convertir en ficción lo que fue realidad. Dicho esto, reconozco que las filias y las fobias sobre estilos literarios son caprichosas. Sin ir más lejos, y empezando a hablar de mí y de las mías, confieso que me encantan las novelas de Maggie O’Farrell y Annie Ernaux y sin embargo no termino de disfrutar con las de Manuel Vilas.
 
Obviamente, siendo mi profesión y mi formación docente y psicoterapeuta y no novelista, no tendría que preocuparme por trascender la realidad y convertirla en ficción. Sin embargo, estoy convencido de que lo que llamamos realidad son los relatos que construimos para darle coherencia y sentido a nuestra vida (presente), nuestros recuerdos (pasado) y nuestros sueños (futuro). Como nos enseñaba nuestro catedrático de Antropología Andrés Tornos, la realidad es una construcción social (Cf. Berger y Luckmann) y Madrid es un sueño y una glosa, una convención y un acuerdo entre un grupo de personas.
 
Lo primero que hicimos, MB y yo, fue leer el texto original, la presentación de 2009. Nos gustó y decidimos dejarla en la página web. Lo que contaba de mí en aquella ocasión nos parecía tan real y/o tan ficción como lo que voy a contar ahora. Y, ¿qué es lo que voy a contar ahora? Creo que ya tengo la respuesta a la pregunta que aparece en la primera frase de antaño: ¿qué pueden querer saber las personas que visiten mi página web sobre mí, mi vida, mis circunstancias, mis lecturas, mis aficiones, mis estudios, mis intereses profesionales, mi familia, mis amigos, mi historia, mi yoga...? Tras 23 años de la publicación del primer libro sobre el tema (el Palazón o libro gordo) y tras 14 años de la construcción de la página web, las preguntas más personales son, claro está, sobre mis vivencias como docente en el exterior y las vivencias de mi familia como familia en el exterior. Y mis respuestas son de ánimo y de acompañamiento. Así será mi relato.
 
Comencé mi andadura en el exterior en septiembre de 1989. Tenía 32 años. El año anterior, en diciembre de 1988, tuvimos un accidente de coche mi hermana, mi cuñado y yo. Marruecos significó, para mí y mi familia, una tabla de salvación, una huida hacia delante, un renacer. Me preguntan en muchas ocasiones, las personas que sueñan con ir a Marruecos como docentes o como asesoras: ¿cómo se vive en Marruecos?, ¿qué tal lo pasasteis vosotros como familia?, ¿tuvisteis problemas?, ¿son caros los alquileres?, ¿qué ciudad pondrías primero para ir a vivir allí? ¿cómo se adaptaron vuestros hijos?... Me acompañaban en el viaje mi hijo Paco con un año y medio, mi hija Ana con siete años y mi hija María con doce años. Y como siempre, MB que narra la anécdota de nuestra hija Ana explicándole a mis padres, a los abuelos, que no quería irse a vivir al “otro mundo”. Continúa contando que el primer día de clase, Ana no quería ir al cole, al Jacinto Benavente. Marie-Blanche negoció con ella que al menos fuese una primera vez para conocer el colegio. A la vuelta del cole nos preguntó si podía venir una compañera de clase a pasar la tarde en casa. Fue una inmersión y una integración en la sociedad tetuaní rápida y feliz. Y felices fueron también nuestros seis años en Marruecos, tres en Tetuán y tres en Casablanca. Volvimos en 1995 a Mula (Murcia). Habíamos aprendido, además de una lengua, una manera de mirar y glosar el mundo: la hegemonía de la tribu.
 
De los 38 a los 42 años estuvimos viviendo y trabajando en mi pueblo. María voló ya hacia el Reino Unido, primero un año de au-pair en Oxford y al año siguiente como alumna de la Universidad de Sussex en Brighton. Ana y Paco se incorporaron al Liceo francés de Murcia. Yo seguí trabajando con marroquíes, alumnos de español como lengua extranjera, en Educación de Personas Adultas. MB continuó siendo nuestro ángel guardián (permítanme la cursilería). Con el doctorado conseguido en 1997 y con los sueños de convertirme en profesor titular de la universidad de Murcia, me prodigué en publicaciones, congresos y trabajos ocasionales en diversas universidades como profesor invitado. Igualmente trabajé para mi sindicato, CC.OO., impartiendo cursos de Acción Educativa Española en el Exterior (AEEE) desde 1997, primero en Murcia y más tarde en Madrid y en otros puntos de España.
 
La vuelta al pueblo fue, curiosamente, más dura que la ida a Marruecos. Cuando te vas al exterior sabes que sueltas un trapecio y te lanzas a por otro desconocido, anticipas el vértigo y te preparas para adaptarte a lo nuevo. Cuando vuelves a España piensas que todo sigue igual y que te esperan las mismas rutinas, las mismas personas, el mismo paisaje urbano y emocional. No es así. Seis años han cambiado todo y todo te sorprende. La vuelta se tiñe de desconcierto. Así que, a los tres años ya sabíamos toda la familia que nos iríamos de nuevo al exterior. En el 2000 me presenté al concurso para conseguir plaza de docente en Londres. Me suspendieron. Al año siguiente conseguí la plaza en el aula de lengua y cultura española de Sídney (Australia). Tenía 42 años y hasta los 48 viví los años más potentes, intensos y maravillosos de mi vida familiar, personal, profesional, aventurera, económica...
 
Volví con 48 años. El libro gordo, Cómo conseguir plaza de docente o de asesor en el exterior, ya tenía 6 años y los cursos de AEEE, que habían comenzado en 1997 por una iniciativa mía en la federación de enseñanza del sindicato CC.OO. en Murcia, se habían extendido y normalizado. Compañeros y compañeras me preguntaban por la experiencia en Australia. Algunas veces las preguntas eran genéricas y las respuestas también. Cuéntame cómo es Australia, me pedían algunas personas. Grande y con canguros les respondía yo. Australia es el país, el continente, la isla, el “down under” dónde no existe el paro y se oye una y otra vez: “take it easy”, “no worries, mate”, “easygoing”. Aprendimos otro idioma, el inglés con acento australiano, que es muy parecido al castellano con acento murciano. También aprendimos otra manera de vivir y de relatar la vida: la “privacy”, el individualismo frente al tribalismo, el “chacun pour soi” y el cultivo de la excelencia y la diversidad. La segunda vuelta al pueblo no fue tan difícil como la primera porque ya conocíamos la experiencia. De nuevo, Educación de Personas Adultas, y de nuevo una estupenda acogida profesional en el sindicato, en el ministerio y en la universidad. Con el primero continué impartiendo cursos por toda la geografía española y me ayudó en la difusión de los libros. Con el segundo pude representar a España en dos grandes foros internacionales, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI): encuentro en Paraguay y la Unión Europea (UE): encuentro en Oslo. Con la tercera dejé de colaborar con la Universidad de Murcia para hacerlo, durante dos años, con la UNED, en el departamento de Filología inglesa.
 
A los 32 años salimos los cinco de la familia con destino a Marruecos (1989). A los 42 años viajamos los cinco de la familia con destino a Australia (2001). A los 52 años soñábamos con ir a Roma... pero las cosas salieron de una manera diferente y demoramos la última salida hasta los 57 años (2014). En Roma aprendimos de nuevo una lengua y una cultura. El italiano, según cuenta Pasolini en una entrevista, es la única lengua que nace primero en la escritura y luego se hace oral con la televisión y la escuela. En Italia, antes de la unificación garibaldina, no hablan italiano nada más que un pequeño porcentaje de italianos. Cada reino, cada república, cada pueblo de Italia habla su propio idioma. Es por ello por lo que se necesita una inmersión acelerada en un idioma común. Los instrumentos para la creación de esta uniformidad lingüística serán la escuela y la televisión.
 
            Nuestra estancia en Roma solo duró 3 años, de septiembre de 2014 a agosto de 2017. Nos mudamos a Roma MB y yo solos. Nuestros hijos ya habían emprendido su vuelo y construido sus familias. En la lengua y la cultura, Roma nos enseñó a reconocernos como europeos del sur, del Mediterráneo, que guardan un equilibrio entre el tribalismo del mundo árabe y el individualismo del mundo protestante en general y británico en particular (Cf. La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber). En Roma también tuvimos nuestro choque cultural por muy europeos mediterráneos que fuésemos. Las personas de Roma en particular y de Italia en general recuerdan, y te recuerdan a cada momento aún sin decírtelo y tan solo mostrando su orgullo identitario, que fueron el centro del universo conocido durante 1000 años. Olvidan, eso sí, que los siguientes 1000 años languidecieron como un pueblo olvidado.
 
            A los 60 años me jubilé/me jubilaron y, después de una cirugía complicada, pude dedicarme más intensamente aún a mis libros, mis cursos y mis deportes y aficiones. De la misma manera que, a la vuelta de Marruecos, la universidad de Murcia y yo nos despedimos para siempre, y mi periplo universitario continuó en otras universidades; a la vuelta de Italia, el sindicato CC.OO. de Murcia y yo nos despedimos para siempre y mi periplo como formador en la AEEE continuó y continúa en otros sindicatos y otras organizaciones de formación del profesorado. Debe ser cierto el dicho de que no somos profetas en nuestra tierra. En cualquier caso, sigo haciendo lo que me gusta y disfrutando con ello.
 
Todos los días salgo a caminar un par de horas a la salida del sol. Me acompaña mi amigo Evaristo. Todos los días me recuerda Evaristo que tengo que repetirle mi mantra favorito para hacerle partícipe de él: ¡qué afortunados somos y cómo tenemos que darle gracias a la vida por tener una familia estupenda, por la salud que disfrutamos, por la pensión que nos ofrece una estabilidad económica, por este día que comienza, por esta vía verde en la que paseamos...!

Presentación de 2009

Asunto complicado este de escribir sobre uno mismo para presentarse al mundo de los cibernautas. Llegan las dudas y las preguntas: ¿escribo sobre mi presente o sobre mi pasado?, ¿cuento anécdotas o hechos sólidos, relevantes y decisivos en mi vida?, ¿me centro en los aspectos profesionales y académicos o abordo los temas personales? Y sobre todo, sobre todo, la gran pregunta: ¿qué pueden querer saber las personas que visiten mi página web sobre mí, mi vida, mis circunstancias, mis lecturas, mis aficiones, mis estudios, mis intereses profesionales, mi familia, mis amigos, mi historia, mi yoga...?

Cuando me presento en los cursos de formación en los que me invitan como ponente, lo hago con tres frases que recogen tres perfiles:
En lo académico, licenciado en psicología y doctor en ciencias de la educación.
En lo profesional, maestro de idiomas que ha pasado la mitad de su vida en el exterior (Marruecos y Australia) y psicoterapeuta.
En lo personal, un hombre feliz que practica yoga.
 
Voy a comenzar con una anécdota que me han contado mis padres muchas veces. Me explicaron cómo llegué yo a este mundo: “eran las dos del mediodía y estaban ellos comiendo en el comedor de nuestra casa cuando oyeron un gran ruido de cristales rotos. Se levantaron sobresaltados y acudieron al dormitorio. Una cigüeña les había dejado un paquete y en ese paquete estaba yo.”

Una vez leí una teoría económica interesante: la riqueza debe medirse en tres tipos de bienes “acumulables”. Los primeros son monetarios y de propiedad (típica del capitalismo). Los segundos son de información y de formación (académica y cultural). Los terceros son de relaciones humanas y redes sociales (amigos, contactos, conocidos...). La teoría explica cómo los bienes de un tipo “se convierten”, en alguna medida, en bienes de otro tipo.

Yo soy muy rico en relaciones humanas y redes sociales. Nunca he ocupado altos cargos en los organigramas de las instituciones con las que llevo trabajando casi tres décadas: ministerio, sindicato, universidad. Sin embargo he tenido siempre, y sigo teniendo, grandes amigos que sí son importantes desde el punto de vista institucional, y que me han apoyado siempre en mi desarrollo profesional. Por eso cuento que el Ministerio, el Sindicato y la Universidad son las tres instituciones que me quieren y me requieren para distintos trabajos una y otra vez.
 
Otra anécdota: comencé a estudiar Químicas el curso 1974-75 en la universidad de Murcia. Muy pronto caí en la cuenta de que no era fácil entablar una conversación sobre el Sistema Periódico o tabla de Mendeleiev. Y a mí, lo que de veras me ha gustado siempre, y lo que me sigue gustando, es hablar. También escuchar. Al curso siguiente cambié de facultad y de universidad y me fui a Madrid a estudiar Psicología.
 
Los dos mejores encuentros que he tenido en la vida son, en este orden, mi mujer y el yoga. Mi mujer pone en cuestión la teoría freudiana de la neurosis colectiva y afirmo aquí, después de muchos años de psicólogo clínico, que es la persona más sana que conozco. El yoga me ha ayudado a convertirme en otra persona.
 
¿Otra persona? ¿Qué personas éramos los jóvenes del tardofranquismo y la transición? Una cosa buena: vivimos muchas, muchas cosas guiados por una pregunta un tanto suicida: ¿Por qué no probar esto? Una cosa mala: cultivamos la neurosis, el dogmatismo, la arrogancia, la prepotencia...
 
Me gusta leer y escribir. Me gusta ser maestro, aunque a veces me pregunto si además de pasear textos (del libro a la pizarra, de la pizarra al cuaderno del alumno, del cuaderno al examen) y cuidar aparcamientos de niños, podemos hacer algo más. Me gusta ser psicoterapeuta y acompañar a personas que están atascadas a responsabilizarse de sus propios atascos, a limpiar las cañerías y las acequias y a construir otras maneras de vivir y ponerlas en práctica.
 
He conocido el dolor inevitable, el del envejecimiento, la enfermedad y la pérdida de seres queridos. Y también los dolores evitables: la confusión de la mente, las relaciones humanas patológicas, el egoísmo, la soberbia, la ira... Con el yoga ejercito mi cuerpo, mi mente y mis emociones (que algunos llaman alma) para evitar los dolores evitables y aceptar mejor los inevitables. Cuando trabajo la fuerza, la flexibilidad y el equilibrio en el cuerpo, la mente y las emociones, lo que hago es construir una segunda naturaleza que ponga orden en la primera naturaleza que me he ido forjando durante décadas.
 
Me gustaría terminar esta heterodoxa presentación con cuatro palabras en sánscrito: loka, samasta, sukino, babantu, que son agudas y quieren decir: puedan todos los seres en cualquier parte ser libres y felices. Y añadimos: y puedan mis acciones, mis pensamientos y mis palabras, contribuir, en alguna medida, a esta libertad y felicidad para todos.

El autor
En lo académico, licenciado en psicología y doctor en ciencias de la educación.
En lo profesional, maestro de idiomas que ha pasado la mitad de su vida en el exterior (Marruecos y Australia) y psicoterapeuta.
En lo personal, un hombre feliz que practica yoga.
EN LO PERSONAL
EN LO PROFESIONAL
EN LO ACADÉMICO
   
CURRICULUM